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Siguiendo el eje carretero de la ruta 40
hacia el sur, la ciudad de San Rafael y su zona de influencia
representan el último oasis vitivinícola de
la provincia de Mendoza.
Esta llanura cultivada está irrigada por los ríos
Diamante y Atuel y presenta una inclinación desde el
NO hacia el SE, con altura máxima de 750 metros en
Las Paredes hasta 485 en General Alvear.
Los distritos que la componen son Las Paredes, Cuadro Benegas,
El Cerrito, Cuadro Nacional, Monte Comán, La Llave,
Goudge, Rama Caída, Cañada Seca, Las Malvinas,
Negro Quemado, Villa Atuel, Real del Padre, Jaime Prats, San
Rafael ciudad, Carmensa y General Alvear.
Amparadas por la Denominación de Origen San Rafael,
constituida en 1993, se encuentran las variedades:
Chardonnay, Sauvignon Blanc, Riesling,
Chenin, Tocai Friulano, Semillón, Torrontés,
Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Merlot, Malbec, Syrah, Barbera
D´Asti y Bonarda, las que a su vez forman la base de
los vinos de la zona.
BONARDA:
Por
su abundancia, su vigor y su bajo costo, siempre formó
parte de los vinos tintos utilizados para corte, aunque en
la actualidad también se lo elabora como varietal.
Produce un vino franco, honesto, de buen cuerpo y color, con
aromas frutados de frambuesa y sutiles acentos anisados. Su
buena estructura le permite ser añejado en barricas
con buenos resultados.
LAMBRUSCO:
En argentina se lo cultiva y produce desde hace décadas,
pero fue otro de los viñedos cuyo potencial para vinos
de calidad sólo se descubrió en los últimos
años. Joven, presenta aromas de frambuesas y violetas;
la evolución en roble y botella le dan un matiz descripto
como pasas de uva, algo que recuerda al Chianti
CHENIN:
Finísima cepa cuya adaptación a los terruños
argentinos ha sido históricamente muy buena. A pesar
de ello, es raro encontrarla en varietales, siendo mayormente
utilizada para aportar frescura y estructura ácida
a numerosos vinos blancos de corte. Para describir su aroma
se recurre mayormente a la analogía con la cáscara
del durazno blanco.
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